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viernes, julio 13, 2012

La Muerte de los Patriarcas: Sentimiento de Orfandad

La primera vez que sentí la muerte de un verdadero maestro fue en 2005 con el asesinato de Michael Alberico en medio de un fleteo en Cali en 2005 (ver video testimonial hecho en 2009). Sentí que se fue el mejor profesor que tuve en la universidad. Después en noviembre de 2007 siguió la muerte de mi papá, Álvaro Duque Donoso, la cual fue obviamente la que más me dolió. Víctima de un cáncer hepático, sentí que se fue el mejor amigo, maestro y contertulio que iba a tener por toda mi vida. Todavía no me repongo a la muerte de mi papá del todo. De vez en cuando sueño con él y añoro como me llamaba la atención, como me tomaba el pelo y como discutíamos de forma pacífica, democrática, humorística y caballerosa. Este es un dolor que después de más de 5 años ha disminuido pero que nunca va a desaparecer del todo. Fue tan dura la muerte de mi papá, que en 2010 nos tuvimos que trasladar a Ibagué para que mi mamá, con la ayuda de la familia (en Cali prácticamente no tenemos familia) se recuperara y en general para que los dos empezáramos una nueva vida. Este objetivo se ha alcanzado casi en su totalidad. Y hace una semana murió en un accidente en la Guajira Colombiana mi tío Antonio "la bruja" Osorio Jaramillo, mi tío Toño. Siempre lo recordaré por su buen humor, su ameno conversar, y con el tierno mal genio con el cual, por ejemplo, nos impedía fumar en las reuniones familiares.

Apenas me estoy terminando de acomodar en Ibagué y apenas estaba empezando a cogerle confianza a mi tio Toño después de haber yo crecido semi-aislado de la familia durante unos 35 años en Cali, y se nos fue antes de tiempo y de forma totalmente inesperada. Se nos fue el Patriarca de la familia Osorio Jaramillo (mi familia materna).
Este es un pequeño homenaje a aquellas personas que me forjaron. Es una invitación a aprovechar las enseñanzas de nuestros mayores cada vez que podamos, y a disfrutar de la vida lo más que podamos de una forma sostenible y por lo tanto sana. Porque poco a poco pasamos de ser alumnos a ser profesores en el trasegar de la vida. Y algún día nos iremos también.
Hay que tomar la muerte como parte de la vida. De hecho es lo que le da sentido a la vida. Si estuviésemos programados genéticamente para vivir indefinidamente (lo cual es teóricamente posible) y si llegásemos a un grado de refinamiento cultural y tecnológico tal que la tasa de accidentalidad de cualquier tipo llegase a cero, no nos correría ningún afán por hacer nuestras cosas, pues nos sobraría el tiempo. Por eso es importante aceptar la muerte, no como un enemigo, sino como una especie de reloj que nos impulsa a aprovechar nuestras vidas al máximo. Hay que aceptar (y prepararse en el buen sentido de la palabra) para la muerte de nuestros seres queridos y para la nuestra propia.