miércoles, abril 24, 2013

¿Será que la Raza de Ficción de los Vulcanos de la Franquicia de Viaje a las Estrellas (Star Trek) Tienen Similitudes con los Bipolares de la Vida Real?

 
He tratado muchas veces de buscar esta relación en internet y no la he encontrado. Pero para mi estos dos tipos de personajes tienen mucho en común. Los Vulcanos (por ejemplo Mr. Spock en la serie original), y al contrario de lo que la mayoría suponen, no es que no tengan emociones. Al contrario. Se supone que durante sus épocas bárbaras vivían presos de sus emociones exageradas en un estado similar a la anarquía. Poco a poco adoptaron la lógica y la razón para ir controlando sus emociones y de esta forma empezaron a crear una civilización.
 
Spock
 
Durante la formación de un Vulcano, el individuo es sometido a una proceso que se llama el Kolinahr y cuyo objetivo es purgar todas sus emociones. Es por eso que adoptan una actitud fría, racional y lógica ante durante sus vidas. Bueno todo esto es ficción y es una exageración. Pero pienso que los bipolares nos deberíamos someter a un proceso similar. Yo por lo menos llevo unos 20 años adoptando la lógica y la razón como guías de vida. Es una de las tantas razones por las cuales escogí una carrera científica como la biología. Aquellos que tenemos una condición afectiva bipolar, se nos alteran principalmente tres cosas: el ánimo, el afecto y el sueño. Actualmente me encuentro muy bien en todos estos y otros aspectos. Pero durante mi adolescencia la cosa estuvo fuerte. Además de los sube y bajas anímicos que afectaron por ejemplo mi desarrollo social en el colegio, sufrí de alteraciones emocionales y afectivas, que me llevaban a pasar de la calma a la furia en poco tiempo, o de tragarme rápidamente de alguna pelada por el simple hecho de que me gustara, de que fuera buena gente conmigo y salir con ella unas pocas veces, sin que nada importante pasara. Recuerdo mucho que en el año 1994 conocí un parchecito de peladas del colegio La Presentación de Cali que estaban haciendo su excursión a San Andrés. De vuelta a Cali, empecé a salir con ellas, y cada dos meses me tragaba de una diferente. Eran unas tragas impresionantes. Sin que nada pasara. Al final ese año dije, esto tiene que parar. No puedo seguir toda la vida así, pues a ese paso no iba a tener suficientes recursos neurales para estudiar, que siempre ha sido el objetivo más importante de mi vida. De pronto por esto, hacia el final de mi pregrado y al principio de mi maestría, me interesé por el comportamiento humano y por la neurobiología. Este interés sigue actualmente, tanto que, como ya lo he dicho varias veces, estoy escribiendo un libro de Psicología Evolucionista. Lo poco que leído de estos temas me ha enseñado que aunque no es posible suprimir completamente las emociones, se puede avanzar mucho en su control. Desde mis 20s entendí que no podía permitir que dentro de mi cabeza imperara una democracia porque la misma se convertiría en una anarquía, teniendo en cuenta que los bipolares podemos sufrir de emociones exageradas. Impuse una dictadura donde lo que impera son las ordenes del lóbulo pre-frontal izquierdo. Esta es la parte delantera del hemisferio dominante, el izquierdo. En el prefrontal se encuentran las funciones ejecutivas, la racionalidad, la personalidad, etc. Si lo fuera a comparar con la literatura Freudiana, es como si en el pre-frontal estuviese ubicado el Super-yo. Afortunadamente la bipolaridad es una condición que con el correcto tratamiento farmacológico y psicológico tiene un muy buen pronóstico. La otra ventaja es que, como sucede con los vulcanos, y según la literatura psiquiátrica y psico-biográfica, los bipolares venimos con varios puntos extras en nuestro coeficiente intelectual (se habla del genio bipolar). En pocas palabras es una condición que viene con la solución incorporada. Pienso que un bipolar debe aprovechar esos puntos extras en su coeficiente intelectual, y ponerse a estudiar fuertemente. Esto le permitirá desarrollar sus talentos genéticamente heredados y además entrenara a su cerebro para tener cada vez mejor control de sus emociones.
 
Una de esas emociones es la atracción de por el sexo opuesto. En todo somos como de extremos. Yo por ejemplo no soy el típico man que se queda viendo cualquier mujer que pasa por la calle. Pero cuando una mujer me gusta, me gusta de verdad, y tiendo a montarme en la cinta muy rápido. Consciente de esto, durante mis 20s empecé a entrenarme para poder huir de una traga que me tuviera incómodo, que no estuviera rindiendo resultados y/o que estuviera interfiriendo con mi rendimiento académico. Me volví un muy buen terminator. Lo que quiero decir es que así como nos tragamos rápido, si queremos, y con un buen entrenamiento, podemos des-tragarnos muy rápido también. Hace unos años, uno de mis mejores amigos del pregrado me tuvo que consultar porque en una sola semana se le juntaron dos novias bipolares y se enteró que su papá era bipolar. Estuvimos hablando del asunto y le enseñé que aunque sufrimos de emociones exageradas podemos cambiar de un momento a otro. El problema que tenía era que una de sus amigas, la que he estaba mas afectada psiquiátricamente hablando, seguía insistiendo en estar con él, al grado de aparecérsele en su casa sin previo aviso llegando de otra ciudad con maletas y todo. Esa pelada estaba realmente montada en la cinta, ya pensando en matrimonio y toda la vuelta, después de haber tenido una relación fugaz con mi amigo. La otra, la que si le gustaba realmente, no estaba tan jodida psiquiátricamente (era una ciclotimia que es el grado más bajo del espectro bipolar). Iban muy bien. Desde mi punto de vista era la niña más bonita de nuestra época cuando éramos estudiantes de pregrado en biología en un Univalle. Pues de un momento a otro, después de ir muy bien, la pelada le terminó sin ninguna razón. Mi amigo estaba realmente confundido. Afortunadamente me tenía  a mi, y le expliqué un par de cosas que le ayudaron a aclarar su panorama.
 
Yo pienso que la mayoría de bipolares y de otros pacientes psiquiátricos no reciben una correcta fármaco- y psico-terapia. Todo empieza desde la casa. Cuando un hijo resulta con alguna condición mental, la típica reacción de sus padres es entrar en negación, principalmente para quedar bien con la sociedad. Esto lleva a que el adolescente no sea tratado correctamente y su condición empeore hasta llegar a enfermarse. Aquí hay que aclarar que tener una condición es diferente a estar enfermo. Pongamos un ejemplo. Supongamos que una persona vive en una casa con un jardín, y las flores de una de sus plantas favoritas emite polen en cierta época del mes. La persona en cuestión se pondrá alérgica, pero ya conociendo esta situación, se trata durante esta semana con algún antihistamínico como loratadina por ejemplo, y la pequeña crisis es superada fácilmente. En este caso la persona no se enfermó. La condición no se convirtió en algo clínico, pues pudo ser solucionada fácilmente y el paciente sigue con su vida común y corriente. Pero si una crisis alérgica de estas se convierte en un evento tipo asma, y el paciente debe ser llevado a la clínica para ser tratado, ahí sí se enfermó. En pocas palabras uno se pone clínico cuando lo tienen que llevar a la clínica. De acuerdo a este orden de ideas, un individuo como yo nunca ha estado enfermo, pues nunca me han tenido que hospitalizar por mi condición bipolar. Sin embargo hay que aclarar que durante el 2002, y como resultado de la montaña Rusa emocional y afectiva por la cual tuve que pasar durante mi adolescencia, mi colón falló. Se perforó, me dio peritonitis y casi me muero. Pasé como dos meses en la clínica Imbanaco en Cali. El colón, literal y figurativamente hablando, no es solo un deposito de desechos digestivos, también es un acumulador de emociones negativas, por decirlo de alguna forma, pues en el mismo se pueden encontrar metabolitos de neurotransmisores como adrenalina, histamina, etc. Esa crisis me puso a pensar bastante, de hecho durante los años 2003 y 2004 pasé por una crisis existencial asquerosa. Eso me hizo poner las barbas en remojo, en el sentido de que si no quería perder mas órganos de mi cuerpo ni pasar por una crisis de estas otra vez, tenía que poner a mis emociones todavía bajo más control.
 
Pero antes de esto, hubo otro evento que me puso a pensar mucho también. En 1996, regresábamos con mi novia de aquella época y otra pareja, de visitar a un amigo que se casaba al otro día que era sábado. Regresábamos de Ciudad Jardín en Cali por la quinta, cuando a la altura del batallón yo vi un bulto en la calle. Iba a unos 60 Km/h, no me había tomado ni un trago. Yo, frené de una, mientras tanto pensaba que ese bulto podía haber sido puesto por algunos malandros para hacerlo parar a uno y robarlo. Pues antes de darle al bulto, el mismo nos volteó a mirar. Era una persona. Aunque reaccioné rápido la persona quedó debajo del motor de mi carro. Estaba lloviendo y por este simple hecho no había iluminado público. Inmediatamente me dirigí a la garita donde estaba uno de los soldados del batallón y le dije que si había visto algo, que si por favor podía llamar a una ambulancia o algo. El man dijo que no había visto nada y que no tenía forma de pedir ayuda. Llegaron unos policías en moto, le contamos lo que había sucedido y les dije que si por favor podían llamar a una ambulancia. Me dijeron: huy que pena pero es que se nos acabó la pila del walkie-talkie. Un taxista me colaboró llamando a una ambulancia y a los guardas de tránsito. La ambulancia llegó como a la media hora. En la misma envié a mi amigo, que también era graduado de univalle, para que acompañara al man que habíamos atropellado al Hospital Universitario del Valle (HUV). Con todo y eso pusieron lo que siempre están acostumbrados a poner: “atropellado por carro fantasma”. Yo le dije a mi novia y a la de mi amigo que por seguridad se bajaran del carro mientras llegaban los guardas de tránsito. Estaban tan atemorizadas que no lo hicieron y esta decisión estuvo a punto de aumentar la tragedia. Llegaron los tráficos y al rato de haber llegado venía un Montero Mitsubishi que iba a toda y le dio a mi carro por detrás, pues por motivos legales yo no lo había movido. Menos mal mi novia al ver que se acercaba el montero a toda, y desde el puesto del acompañante, cogió el timón para no salir disparada por el parabrisas. Con el golpe, y sin quererlo, resultó moviendo el timón de mi carro hacia la derecha, lo cual le permitió esquivar el carro de los guardas que había sido parqueado adelante del mío. Si no fuera por esto habrían quedado como la mortadela de un sándwich. Bueno esa noche nos llevaron a medicina legal, no tenía yo un solo grado de alcohol, a diferencia de los chinos del Mitsubishi, los cuales al parecer le habían cogido el carro sin permiso a sus padres. Después fuimos a la fiscalía y nos dijeron que desde que el atropellado no hubiera muerto todavía no había problema. Pedimos alguna constancia de que nos habíamos presentado y nos dijeron que no había necesidad. Nos dio la madrugada en trámites. Me acosté tarde y al otro día me levante y me enteré que el man al que había atropellado había muerto en el HUV. Fue una serie errores por parte de las instituciones del estado, que si esto hubiera pasado en EUA sería millonario ahora. Afortunadamente, además de que la compañía con la que estaba asegurado mi carro me asigno una abogada privada, yo era el secretario del investigaciones de la facultad de salud de Univalle en esa época. Pude averiguar que la persona era un paciente maniaco-depresivo del hospital psiquiátrico universitario del Valle (San Isidro) y el man se había escapado y estaba suicidándose en medio de una crisis depresiva tenaz. Bueno, por esos días toco ir a la fiscalía a declarar y toda la vuelta, pero fui absuelto, pues aunque fue un homicidio culposo (yo tuve la culpa) no hubo dolo (no lo hice de aposta). Esto me puso a pensar mucho, pues un bipolar que no se trata se puede convertir en un maniaco-depresivo, lo cual ya es estar realmente enfermo de la cabeza. Me puso a pensar como mis padres tuvieron la valentía de afrontar mi situación cuando mi condición se reveló como consecuencia de nuestro traslado de Cali a Bogotá entre 1987 y 1990. Como se dieron las mañas para empezar a tratarme farmacológicamente (al principio yo no aceptaba el tratamiento) y como un tratamiento de tan solo ocho años ya empezaba a dar frutos. Terminé mi pregrado después hice mi maestría y cada vez me siento mejor. Si no fuera por mis padres yo hubiera podido terminar como el man al que atropellé.
 
Y es que, y repito, me da la impresión que la mayoría de bipolares no se tratan correctamente. Existe un prejuicio en cuanto a tratar el cerebro. Si falla otro órgano o otro sistema esta muy bien tratarlo. Pero si se trata del sistema nervioso central, huy no que boleta. Existe también la falsa creencia de que la mayoría de fármacos psiquiátricos producen adicción. Por lo poco estudiado y por mi experiencia, me parece que los únicos fármacos psiquiátricos que producen adicción son las benzodiacepinas [los fármacos que terminan en am, como el alprazolam (Sanax), Diazepam, Clonazepam, etc.]. Tengo varios conocidos que sufren de TAB (trastorno afectivo bipolar) y se re-usan a tratarse farmacológicamente, y como resultado de esto cada vez se van descuadrando un poco más. Además de contar con unos padres valientes que enfrentaron la situación durante la parte dura de mi problemática (mi adolescencia) conté con la suerte de encontrar un excelente neurólogo. Mejor dicho el mejor neurólogo de Cali. Además de ser biólogo y tener una maestría en neurobiología, es médico especializado en neurología. Es un duro, y me empezó a tratar desde el final de mi adolescencia. El fue el que me terminó de sacar adelante. Se trata del Dr. Jesús-Alberto Diaz-Granados. Es muy bacano que además de ser médico fuera biólogo, pues eso lo impulsaba a funcionar, además de facultativo, como profesor. Y además era abierto a la experimentación. Esto último es muy importante pues cada organismo es diferente y no se le va pegar a la farmacoterapia adecuada de una. Para acortar la historia, hacia el año 2009, antes de venirnos a vivir a Ibagué, me dijo:
 
- Viejo tal, usted ya está muy grande, lleva más de 20 años lidiando con su bipolaridad, se ha visto todos los cursos de neuro de Univalle y tiene una Maestría en Básicas Médicas. Yo ya no puedo hacer más por vos. 
 
Te toca empezar a tratarte a vos mismo.
 
Amablemente me echó, me graduó, me puso a volar solo. Afortunadamente desde el 2005 llevo una bitácora, en la cual apunto que fármacos tomo, como me siento, etc. Esta idea de empezar a llevar una bitácora personal surgió, además de que como biólogos nos entrenan para llevar bitácoras, después de un día que fui a donde un psicoanalista alrededor del 2004.  Este facultativo se limitó ha preguntarme durante una hora: - y que más - . Cuando se me acaba la carreta, volvía a preguntar lo mismo. Y así se gano $120,000.oo (en términos relativos es haberle pagado más de U$100) en una hora por preguntar esto. Pues estaba aplicando la técnica psicoanalítica de libre asociación. Puede ser algo que tenga mucha historia, soporte psiquiátrico, derivada de Freud, lo que sea. Pero me pareció una verdadera pendejada. Pensé: pues un papel puede hacer la misma labor y no me cobra. Es así como en el 2005 empecé a llevar una bitácora personal. Al principio pensé que con unos pocos escritos largos iba ser suficiente. Pues no, resultó ser algo tan terapéutico que a la altura de hoy ya tengo unas 400 entradas, centralizadas en una base de datos en Microsoft Access. De hecho estoy empezando a escribir un libro autobiográfico de ficción con todo este material. ´Después me enteré que escribir una bitácora es algo muy terapéutico y que muchos autores aconsejan que los pacientes lo hagan. Y es así como fui descubriendo el placer de escribir. Los dos resultados de este ejercicio es que, por un lado me desahogado de tal forma que la escritura personal se ha convertido en la mejor psicoterapia que he tenido durante mi vida. Y por otro lado me han permitido estandarizar una fórmula farmacológica que ya va ser un año que me está funcionando de maravilla. Logré estandarizar el mínimo de fármacos necesarios para dormir bien y estar estable. A esto a contribuido mucho el traslado a Ibagué desde el 2010, pues las personas aquejadas de trastornos afectivos (como la bipolaridad o el trastorno afectivo estacional) somos muy sensibles al clima, y la eterna primavera que de la cual se disfruta en Ibagué, junto a la tranquilidad propia de un pueblo, han sido excelentes para mi salud. Entre el 2008 y 2010, mis últimos años en Cali, estuve mal de sueño como resultado del duelo por el cual estaba pasando por la muerte de mi papá en 2007. Y el primer año en Ibagué fue duro pues casi no tenía amigos y me estaba adaptando a un nuevo ambiente y estas cosas. Pero desde el 2012B hasta ahora las cosas han ido fluyendo muy bien. Ya me siento amañado en este pueblo (aunque no desperdicio ninguna oportunidad para ir a Cali) y estoy tan estable que empecé a hacer deporte por las mañanas-medio día. Mis proyectos intelectuales van muy bien, incluyendo los dos libros que estoy escribiendo y una posible contratación en la Universidad de Ibagué como profesor de Psicología Evolucionista, la cual es mi línea de investigación actual.
 
Entonces, lo que quiero decir con todo esto, es que nacer con alguna condición mental [si nos atenemos a los parámetros de la biblia psiquiátrica, el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), todos tenemos algún trastorno, por pequeño que sea) como la bipolaridad no significa que uno necesariamente se va a enfermar o que va terminar “loco”. Con un correcto tratamiento y buenos hábitos la situación mejora mucho. Al grado de que a una persona como yo ya no me sirve la estabilidad de una persona “normal”. Estoy llegando a tal grado de refinamiento que estoy yendo más allá de esto. Y la tendencia es cada vez a permitirme, en su justa medida, el sentir emociones positivas como la alegría, la risa, etc., y a la vez me voy convirtiendo poco a poco en una persona cada vez mas racional, mas lógica, mas serena, como un Vulcano. Se siente muy bacano como todo este esfuerzo de más de 20 años empieza a rendir unos frutos espectaculares.
 
Gracias por leerme. Un abrazo.