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sábado, noviembre 09, 2013

Estoy Buscando un Grado de Enchicharroneamiento Medio

En la entrada anterior narré como fueron 10 o 15 años buscando mi oficina ideal. Pero más que eso ahora lo que encontré fue mi trabajo ideal. Me siguen cayendo graneaditos, contratos muy bacanos para funcionar como editor de la producción intelectual de dos grupos de investigación de la Universidad de Ibagué. Repito, la cosa empezó con buen impulso y ojalá así se mantenga. Lo que me pone a pensar es el dinero como puede ser un aliciente tan grande. Esta semana estuvo un poco resfriado y por eso dormí hasta tardecito, pero en general, desde que empecé a trabajar como editor me he estado levantando temprano.

Obviamente uno sabe desde niño que el dinero es un aliciente áspero. Pero como se puede ver en mi ridiculum, he tenido varios trabajos, y desde aquél que tuve a finales de los 1990s en Vicedecanato de Investigaciones de la Facultad de Salud de Univalle, nunca me había sentido tan estimulado para ejercer un trabajo en particular. Y lo que estoy empezando ahora, la edición de producción intelectual científica, me tiene muy contento también. Y es que no solo es que el trabajo sea placentero, sino que uno esté en situación de disfrutarlo. Yo he tenido otros trabajos muy bacanos, como por ejemplo aquel de la Fundación Yubarta de Cali en noviembre y diciembre de 2004, pues aunque lo disfruté, no lo pude sacar mas jugo a la cuestión porque estaba deprimido. Afortunadamente, acutalmente completé 1.5 años con un ánimo espectacular y ya me puedo enfrentar a otro trabajo.
Pero quería hablar sobre el dinero. Salvo contratos esporádicos, desde que termine mi maestría en octubre de 2007 no he usado mi oficina seriamente para ganar dinero. He ayudado en las labores burocráticas de mi casa, y he sacado adelante algunas publicaciones. Pero es apenas ahora que la estoy convirtiendo en un negocio. Y ya cuando se trata de ganar dinero, las cosas cambian mucho. Antes era divertido funcionar en mi oficina casera, pero ahora que estoy empezando a ganar algo de dinero es todavía mas divertido. La consecuencia de esto es que las actividades que no produzcan dinero ya no son divertidas. Y tampoco quiero llegar a ese extremo. No quiero llegar al extremo al cual llegan la mayoría de personas en nuestro sistema capitalista, en el sentido de que todo lo que hacen tiene que ver con dinero. Si hay una actividad que no produzca dinero en el inmediato o mediato plazo, no vale la pena hacerla. Entonces dejan de jugar, de crear, de hacer cosas solo por el placer de hacerlas. Y esto me parece un extremo viciado. El otro extremo viciado es hacer solo cosas placenteras sin preocuparse por el dinero, y rechazar trabajos con respecto a las cuales hay capacidad de hacerlos, por el simple hecho de que no son divertidos del todo. Yo de pronto he estado en este último extremo. Y es que hay que enfrentarlo, cuando uno trabaja por plata le va tocar hacer cositas que no le gusten del todo. Que la cantidad de cosas malucas que hay que hacer es inversamente proporcional al grado de escolaridad del trabajador, claro que es cierto. Pero siempre toca hacer una que otra cosita maluca cuando se está trabajando por plata. Es muy simple, cuando uno está trabajando por plata esta haciendo cosas que le gustan a tu jefe o la persona que te va contratar, y los gustos tuyos como contratista o empleado no van a hacer 100% iguales a aquellos del empleador o jefe.
Pero hago esta entrada porque aunque en este momento no tengo suficiente trabajo como para decir que me sobra, si la cosa sigue con el impulso que empezó, pronto no tendré tiempo para cumplir con todo el trabajo que me caiga. Y todo esto me dio cierta nostalgia, pues el tiempo de jugar a trabajar ya pasó. Ya empezó el trabajo en serio. Y más que eso, es la primera vez que siento que esto de editar producción intelectual puede ser el trabajo definitivo de mi vida. Mejor tarde que nunca. Pero no quiero metalizarme de tal forma de solo vaya a hacer cosas por plata. Tengo que dejar tiempo para darme gusto a mi mismo. Quiero ser claro, el trabajo de editor me ha producido placer, pero lo que quiero decir es que no puedo dejar del todo mis propios proyectos intelectuales, mis hobbies, mi tiempo libre, etc. Es por esto que he pulido mi horario diario y semanal de forma que pueda dejar al menos una tarde larga para trabajar en mis artículos y libros. Debo dejar tiempo libre para relajarme, para mis hobbies, etc. Las mañanas por ejemplos las tengo libres para dormir hasta tardecito y hacer ejercicio físico, el cual a su vez mejor el rendimiento intelectual. Y es que a lo largo de la vida he aprendido que si uno se deja, el enchicharroneamiento nunca termina. Siempre hay cosas para hacer, máxime cuando se está de buen ánimo, pues en esta tónica, casi cualquier tarea es divertida. Esto le pasa a muchos jubilados. Que empiezan a resolver chicharrones de campo, y los mismos cada vez aumentan, entonces cada vez le hacen a más chicharrones, esto tiene que ver con el hecho que el estrés que producen los chicharrones, liberan adrenalina, entre otras sustancias, y este neurotransmisor es adictivo. Entonces por más estrés que produzcan, la persona se hace adicta a los chicharrones. Lo cual a su vez tiene que ver con el ambiente en el que hemos evolucionado, dentro de lo cual se puede casi que obviar los últimos 10,000 años donde se marca el comienzo del neolítico con el advenimiento de la domesticación de plantas y animales. La mayor parte de nuestra evolución ha transcurrido en ambientes en los cuales había que luchar por sobrevivir. Había que luchar para huir o competir con otros predadores, para acceder a presas que nos proporcionaran nutrientes para sobrevivir. Ahora todo esto se reducido a la consecución de dinero, pues el mismo es una representación simbólica de energía. No tener dinero, es como no tener energía, y estar en riesgo de muerte. Yo creo que así es que pensamos inconscientemente con respecto al dinero.
Durante mi primer trabajo formal ya nombrado aquí a finales de los 1990s y al principio de los 2000s, yo pensaba que había forma de trabajar tanto como para evacuar todas las tareas a manera de quedar libre por un buen tiempo. Mentira. Esta es una utopía en la cual la mayoría de gente cree inconscientemente. Expresando la segunda ley de la termodinámica de una forma coloquial: las cosas tienden espontáneamente al desorden. Para ordenar un sistema hay que invertir energía y tiempo. Es por esto que si uno no se mueve y las cosas de su vida tendrán a desordenarse. En pocas palabras, la cantidad de chicharrones por arreglar siempre se incrementará hasta virtualmente ser infinitos. Moriremos antes de resolver todos los chicharrones de nuestras vidas. Entonces esa idea de acabar con los chicharrones de una vez por todas es una fantasía. Y esa ilusión lleva a la gente a trabajar en deshoras, a dañar su salud por trabajar y estresarse en exceso, etc. A eso hay que agregarle que un país como el nuestro, la mayoría de gente se encuentra en tal situación que a todo tienen que decirle si, con tal de ganarse lo que sea. Por eso es importante tener un horario para trabajar, y a no ser que sea algo de vida o muerte, uno debe empezar y terminar de trabajar a cierta hora del día, pues por más que se trabaje no lograremos deshacernos de todos los chicharrones. Y además esa no es la idea, pues siempre deben haber problemitas y cositas pendientes para hacer para mantenerse un ocupado. Volviendo al principio de dorada mediocridad Aurea mediocritas, hay que buscar el punto medio. El adoptar un horario estándarizado, además de ser super-terapéutico para un una persona con condición bipolar leve como la mía, ayuda a distribuir el tiempo a modo que el trabajo de no se desborde de ciertos límites que lleven a un estrés insoportable, a quedarle mal a los clientes, a alejarse de familiares y amigos, etc.
Ahora entiendo porque la mayoría de contemporáneos míos les empezó a dar tremenda epidemia de enchicharroneamiento durante los últimos años de los 2000s (ver entrada correspondiente). De todos modos, esto de estar en el proceso de convertir mi oficina casera en un negocito, y mas aún, el estar definiendo el trabajo definitivo de mi  vida, ha sido muy bacano, pues me ha permitido focalizarme. Le permite a uno deshacerse de muchas cosas y tareas inútiles. Uno no debe permitir que el dinero se convierta en un fin, sino en un medio para lograr cosas placenteras. Pero esto en la práctica no funciona. Para todos los que vivimos en el sistema capitalista, el dinero se convierte en un fin. En el objetivo principal. Y es ahí donde hay que tener mucho cuidado para no volverse ambicioso en extremo, avaro. Y es que es tanta la libido de poder de la cual sufren muchas personas, que llegan incluso a cometer crímenes por el dinero. Eso me parece obvio pero aterrador a la vez. Y aunque estoy ganando poco dinero por las tareas que llevo en mi oficina casera, hay que mantener la agalla cerrada, hay que mantener esos genes paisas a raya. Y para terminar esta crítica al enchicharroneamiento y ambición económicas extremos, que mejor que una ilustración del Tío Rico Mac Pato:
McPato_forbes
Bueno, eso era lo que quería expresar en esta entrada corta. Gracias por leerme.