jueves, octubre 11, 2018

No volví escribir públicamente por pereza o porque perdí mi toque de locura: Debe ser un dorado punto medio entre las dos posibilidades


Yo me había hecho el propósito de no volver a publicar artículos personales en mi blog pero quiero probar a volver a improvisar a ver qué me sale. Hace rato no escribía porque, además de los chicharrones (tareas maluquitas) de campo y de oficina que nunca faltan, estaba esperando a salir con algo serio como la reseña de algún libro que me haya leído recientemente para inaugurar la supuesta nueva etapa impersonal de mi blog. Pero me veo en la necesidad de improvisar a ver si esta falta de publicación de artículos se debe a pereza mía o al hecho de que mi condición bipolar haya cedido tanto que ya no tenga suficiente toque de locura como para escribir chévere. También hablo rápidamente del libro que me más gustado este año (El ABC de la Felicidad/ The Middle Way de Lou Marinoff) y de dos series de comedias situacionales gringas que me estoy viendo.

Entonces voy a empezar por ahí, por la relación entre las condiciones del gradiente afectivo bipolar y el talento para escribir. La autoridad en eso es la psicóloga y escritora bipolar de Universidad Johns Hopkins Kay-Redfield Jamison quien en su libro “Touched with Fire: Manic-depressive illness and the artistic temperament” (1) muestra como artistas de la talla de Lord Byron, Hector Berlioz, William Shakespeare, Edgar Allan Poe, Robert Shumann, Virginia Wolf, Sylvia Plath, Leon Tolstoi, William Blake, Ernest Hemingway, Vincent van Gogh, sufrían de alguna condición afectiva bipolar que ante la falta de médicamentos en aquellas épocas terminaban enfermándose, volviéndose maniaco-depresivos y generalmente se suicidaban para escapar de su dolor. Saliéndonos de dicho libro, es posible que nuestro Andrés Caicedo también tuviera un trastorno tipo bipolar, como trato de demostrarlo en otro artículo de este Blog (2). Volviendo al libro de Jamison, en él explica cómo hay artistas en la actualidad que prefieren no tratarse farmacológicamente para no perder su talento y poder hacer obras de calidad gracias a su toque de locura. Yo obviamente no estoy al nivel de los artistas nombrados. Simplemente tengo un blog y de vez en cuando publico libritos en Amazon. Pero este año me he visto ante la posible disyuntiva de seguirme tratando farmacológicamente con el riesgo de mejorarme tanto que pierda mi toque de locura para escribir. Afortunadamente no dependo de la escritura para vivir y si me ponen a escoger prefiero estar sano como lo estoy ahora. Y este artículo, repito, es un intento de escribir improvisadamente con la posible ausencia de mi toque de locura. Y es que citando el mismo libro de Jamison (1), los antiguos griegos ya sabían que los escritos de alguien medio loco eran mucho más bacanos que aquellos de una persona sana.

El año de más productividad de mi blog ha sido el 2016. Ese año también terminé el único libro largo que he escrito hasta ahora “Las anécdotas de un cuarentón bipolar en Cali-Colombia” [(3) ver este libro en: Amazon o Google Books] que es una novela autobiográfica y ucrónica (en el algún punto de la historia se crea una línea tiempo ficticia). La edite en el segundo cuarto del año 2017 y a mediados del mismo lustro la publique en Amazon. Pero el año 2017 fue duro porque a principios de ese año me dio una crisis de insomnio que requirió el uso de muchos fármacos, con el agravante de que estuve haciendo algo poco recomendable y eso es el experimentar a monto propio con fármacos, picado de médico (solo soy un biólogo con un master en ciencias biomédicas) informándome de las propiedades los fármacos que ensayé por medio de vademécums y artículos científicos que encontraba por internet. Ninguno de estos experimentos dio buenos resultados en el mediano y muchísimo menos en el largo plazo. Hasta que en el tercer cuarto de ese mismo año me vi forzado a ir al psiquiatra y me recetó una farmacoterapia que mal que bien sigue funcionando en la actualidad con muy pocos cambios. Actualmente estoy durmiendo bien, en demasía a veces y otras veces que no puedo dormir ya tengo mi fármaco de emergencia que me hace dormir en menos de media hora, cuando en la mitad de la noche sigo con la mente tan activa, que me impide dormir con la farmacoterapia básica que me tomo a las 19:00.

¿Pero por qué probarme improvisando un artículo personal y no una reseña de algún libro leído recientemente? Bueno, primero porque así es más fácil para recalentar motores y porque todos los días escribo en mi bitácora personal privada (que es diferente a mi blog) de una forma mucho más personal de lo que lo estoy haciendo en este artículo por ejemplo, por lo cual ya estoy acostumbrado a este tipo de escritura. Entonces no había vuelto a escribir en mi blog. ¿Pero qué he estado haciendo entonces? Cuando mis labores burocráticas y logísticas, me lo permiten, me pongo a leer o a ver episodios de las varias series que estoy viendo.

Este año solo me he leído unos cuatro libros pero el que más me ha gustado ha sido “The middle way” (4) de Lou Marinoff. Debió haber sido traducido como “El camino medio” pero en español le pusieron por título “El ABC de la felicidad” (5) porque de vez en cuando habla, forzadamente a mi parecer, de Aristóteles (principio griego aurea mediocritas o de dorado punto medio), Buda y Confucio. Lou Marinoff es un filósofo canadiense que fue profesor de City College of New York, hasta que formó su asociación de consejería filosófica dentro de la cual se trata a los pacientes-clientes como si se tratase de una consulta psiquiátrica pero con filosofía. Su libro más famoso es quizás “Más Platón y menos Prozac” (6). En “The middle way” critica todos los extremos de nuestra la humanidad, desde lo económico, a lo religioso pasando por criticar extremos como el machismo y sobretodo el feminismo extremo. Hago énfasis en esto porque obviamente es un autor de centro derecha, como lo son los demás autores que sigo y como tal raja sabroso de la extrema izquierda. Habla de los gulags o campos de concentración para los prisioneros, en su mayoría políticos, de la exunión soviética, por ejemplo. Demuestra Lou Marinoff en este libro, y como lo, han hecho otros autores como Steven Pinker (7, 8) o Edward O Wilson (9), que el marxismo y su comunismo son tan antinaturales que no pueden ser aplicados en la práctica, lo cual convierte la utopía teórica en distopías trágicas, como lo estamos viendo en el sufrimiento del pueblo Venezolano al cual, por medio de la fuerza dictatorial de Maduro, se les está imponiendo el socialismo que ha acabo con la economía de uno de los países más ricos en petróleo del planeta. Este libro de Marinoff (4, 5) lejos de ser una receta para la felicidad individual es un conjunto de críticas constructivas que de ser aplicadas mejorarían mucho la civilización global en la cual vivimos. Es por esto que la traducción de su título a “El ABC de la felicidad” me parece desafortunada. Pero la reseña de este ecléctico libro da para un artículo aparte. En todo caso me gustó mucho este libro.

Además de que los libros de Lou Marinoff son buenos y me parece interesante su labor de tratar pacientes por medio de la filosofía, leí de “The middle way” (Que, repito, debió haber sido traducido a “El camino medio’”) buscando reforzar en mí el principio antiguo griego de dorado punto medio pues el mismo es elusivo para nosotros los bipolares. Y eso que mi condición es leve. Yo me consuelo diciendo que lo único que me sigue fluctuando son mis patrones de sueño pero la verdad es que el ánimo y los patrones de pensamiento todavía cambian según como esté mi humor. Cuando estoy bien o excesivamente bien (hipomanía) se me ocurren muchos proyectos y me dan ganas de hacerlo todo. Afortunadamente ya no me da por levantarme de la cama en la mitad de la noche a prender el computador para empezar a trabajarle a este tipo de embelecos, como me pasaba en años recientes. En cambio cuando se me baja el ánimo no me dan ganas de hacer un carajo. He pasado días enteros acostado sin ni siquiera ver televisión. Afortunadamente este tipo de episodios cada vez son menores y más espaciados en el tiempo. La bipolaridad no se cura del todo nunca, pero mejora mucho con buen manejo y para esto es definitivo una buena farmacoterapia, una buena psicoterapia (que la hago escribiendo en mi bitácora privada), la psicoeducación (trato de aprender cada vez más de esta condición) y el apoyo familiar. Afortunadamente tengo una madre maravillosa que además de soportarme no está afanada porque yo consiga trabajo, ni me reproduzca ni nada de esas cosas.

La pregunta es qué haré cuando mi mamá falte. Esa cuestión me tenía realmente preocupado hasta hace poco. Me desvelaba el miedo a entrar en la bancarrota cuando mi mamá faltara. Hace unos cuatro meses, esa preocupación por algo que no pasará en unos 25 años, me desveló toda una noche. Me puse a navegar buscando hogares geriátricos y di con el mejor de Ibagué. Se llama “La arboleda”. Les escribí metiéndoles la trama de que tenía un tío que acaba de enviudar, tenía entre 65 y 70 años, y podía dar una suma importante de dinero para quedar matriculado de por vida en dicho hogar. Al otro día me contestaron y me dijeron que fuera para hablar de nuestra interesante propuesta. Obviamente no fui porque ese tío no existe. He sabido de otros adultos mayores que dan un inmueble o algo así y quedaron matriculados de por vida en un ancianato-hotel pero quería comprobarlo por mí mismo. Que desespero mío el de esa noche en particular. Hasta que me puse a hacer cuentas y lo peor que puede pasar cuando mi mamá falte, además del devastador golpe psicológico que me produzca, es que con lo que herede me matricule en un buen ancianato-hotel. Ese es como el peor escenario y ya estoy preparado para el mismo. Entonces ese miedo a mi futuro gerontológico, que me tuvo muy preocupado como por 10 años, se disipó con simple aritmética financiera futurista. Ese es el peor escenario: terminar mis días en un buen ancianato. Pero el mejor escenario es hacer sociedad con una buena mujer para terminar mis días emparejado.

Y eso me lleva al departamento de las mujeres. Cada vez me da más pereza salir y las personas a mi edad mantienen muy ocupadas trabajando casi que todo el tiempo. Esto, además de que ya se me nota la vejez, ha llevado a que esté solo en cuanto a pareja. Hace como un mes fui a un encuentro de solteros y solteras de un club al cual pertenezco y fue divertido. Son citas de cinco minutos (speed dating) y los hombres vamos rotando de mesa en mesa entrevistándonos con cada mujer. Fuimos a ese encuentro como 12 hombres e igual número de mujeres. De ese encuentro quedé con una amiga que me gusta y hemos salido un par de veces. Pero trabaja mucho, y muchas veces tiene turnos de noche pues se desempeña como profesional de la salud en una clínica y prácticamente no le queda tiempo libre. Qué lástima. Afortunadamente el desespero por conseguir esposa ya se me pasó hace un par años. Estuvo fuerte entre el 2010 y 2015. Ahora veo cada vez más difícil, e incluso un poco inconveniente el llegar a casarme pues cada vez me acostumbro más a mi relativa soledad. Y la soledad, además de ser adictiva, es inevitable, máxime si uno es soltero y no tiene un trabajo fijo al contrario de la mayoría de gente que tiene su vida llena de compromisos serios.

La soledad me daba un poquitín duro los domingos por la tarde, pero a la vez que cada vez me siento mejor conmigo mismo como única compañía, estoy llenando dichas tardes con comedias situacionales (sitcoms) gringas. Me estoy viendo completica “The Big Bang Theory” y “That ‘70s Show”. La primera trata de un grupo de jóvenes genios que profesores en Caltech y son buenos para casi todo en la teoría pero en la práctica se embrollan con los más simples problemas. Son un desastre con las mujeres, aunque a lo largo de los episodios van mejorando. Hacen referencias constantes a cosas que me gustan como Star Trek, Star Wars, y demás shows de ciencia ficción. Muchos de los capítulos ya me los había visto antes por Warner y ahora que me la bajé toda no la estoy disfrutando tanto pero igual me la voy a ver completa.  ”That ‘70s show” como su nombre lo indica, es una comedia situacional ambientada en los años 1970s. Es un grupo de jóvenes que se la pasan perdiendo el tiempo principalmente en el sótano de la casa de Eric, el protagonista. Sus padres y los de su novia, Donna, son prácticamente los únicos adultos medio-responsables que aparecen en la comedia. Casi en todos los capítulos hacen una ronda donde fuman marihuana y dicen cosas más estúpidas que las que generalmente dicen y hacen. Es bien divertida esta serie. La otra comedia que me gusta es Seinfeld. Protagonizada por él mismo, Jerry Seinfeld, es un show sobre nada en particular ambientado en Manhattan en los 1990s. Es increíble ver la cantidad de series qué hay por ejemplo en netflix solamente. Y lo que no está allí se puede bajar por torrentes. Aquí a los canales convencionales latinoamericanos no nos llega ni el 1% de lo que se produce en Norteamérica. El tal es que utilizo estas comedias para distraerme y ponerme de buen humor, sobre todo los domingos por la tarde que no hay nada que hacer. Y vaya que si tienen un efecto medible positivo sobre el ánimo.

Entonces al final, con sube ya bajas leves, estoy bien. Me toca ser muy juicioso con mis horarios para lograr tener días productivos, dentro de lo cual lo que más se me dificulta es coger ritmo para hacer ejercicio. En la segunda mitad de agosto estuve bajando juicioso al gimnasio y la piscina pero en esas fuimos a una finca muy chévere que tiene un tío en Anzoátegui, un municipio montañoso de acá del Tolima-Colombia, y perdí mi ritmo. Lo que pasa es que cuando llego allá me encuevo a leer y a ver episodios de series bajados previamente a mi tableta y se me olvidan los horarios, entre otras cosas porque no duermo bien aún con los fármacos subidos. La última ida fue la semana final de agosto y recién a finales de septiembre logré re-configurarme. Toca aplicar la terapia de la interpersonal y ritmo social que entre otras cuestiones es hacer las cosas claves del día siempre a la misma hora. No se trata de hacer lo mismo todos los días pues eso sería agobiante. Pero si cenar, almorzar y tomarse los medicamentos a la misma hora, entre otras cosas, son claves para ayudar a estar estable cuando uno es bipolar.

Bueno, ahí improvisé y voy cogiendo ritmo poco a poco otra vez. Al final va a ser la pereza la que no me deja publicar frecuentemente.

Gracias por leerme.


Literatura Citada:
1. Jamison KR. Touched with Fire: Manic-Depressive Illness and the Artistic Temperament. Free Press Paperbacks; 1994.

2. Duque-Osorio J. Extremismos Bipolaroides en el Arte y la Guerra. El Blog de Juan-Fernando Duque-Osorio MSc. 2016. Disponible en: https://www.juanferduque.com/2016/08/extremismos-bipolaroides-en-el-arte-y.html

3. Duque-Osorio J. Las Anécdotas de un Cuarentón Bipolar en Cali-Colombia. Independently Published in Amazon; 2017.

4. Marinoff L. The Middle Way: Finding Happiness in a World of Extremes. Sterling Pub.; 2007.

5. Marinoff L. El ABC de la Felicidad. Ediciones B Mexico; 2013.

6. Marinoff L. Más Platón y menos Prozac. Penguin Random House Grupo Editorial España; 2017.

7. Pinker S. The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature. Viking Penguin Putnam; 2002.

8. Pinker S. La Tabla Rasa: La Negación Moderna de la Naturaleza Humana. Paidos Iberica Ediciones S A; 2003.

9. Wade N. Scientist at Work: Edward O. Wilson; From Ants to Ethics: A Biologist Dreams Of Unity of Knowledge. The New York Times; 1998. Disponible en: https://nyti.ms/2NwLInn. Consultado el 11-Oct-2018.