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Bienvenido. Soy Juan-Fernando Duque-Osorio, nací el 11-Jul-1974 y vivo en Puente Alto del Vergel, Ibagué-Colombia. Mi educación incluye un Máster en Ciencias con publicaciones en biología celular, embriología, paleontología, neurobiología, psicología evolucionista, etc. Esto, y el ser un bipolar recuperado (eutímico), ha hecho de mí un profesor y consultor que da conferencias en diversos temas, incluyendo psicoeducación para otros pacientes. Resultado de mi experiencia laboral también presto servicios académicos como la traducción y edición de documentos, incluyendo la sistematización de su bibliografía con EndNote, como se puede ver en mi portafolio de servicios. Contáctame y podríamos concertar una charla gratuita. Gracias mil por visitar mi web.

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¿Dios está en el Superyó? Aspectos Darwinistas, Psicológicos y Neurobiológicos de la Espiritualidad

Resumen: La carrera armamentista amplificada explica la evolución del libre albedrío. Pero los humanos tomamos malas decisiones. Entonces es posible que el cerebro funcione de forma multicameral, donde el yo consciente con supuesto libre albedrío, en realidad está controlado por una cámara superior equiparable al superyó. Una consecuencia de esto es la espiritualidad humana dentro de la cual se busca entrar en contacto con esta instancia superior. Al final hago algunas especulaciones propias al respecto.



Este post es la reseña de una parte del capítulo “Evolución Darwiniana del Libre Albedrío y la Experiencia Espiritual” [1] de Michael R. Rose profesor del departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de California en Irvine. Este capítulo pertenece al libro “El Puente de Darwin: Unificando las Humanidades y las Ciencias” [2] cuyo principal editor es Joseph Carroll del Departamento de Inglés de la Universidad de Missouri, EUA. 

Veíamos en el post inmediatamente anterior [3], que el surgimiento de armas de mano durante la evolución humana, rompió las reglas, en el contexto de teoría de juegos, del combate intraespecífico que en otros animales son fijas, pues sus armas (cuernos, astas, colmillos, etc.) son parte de su biología y como tal solo permiten el uso de tácticas predeterminadas. Las armas humanas cambiaron el juego en nuestro linaje pues entró la creatividad en el diseño y su uso ya no estaba constreñido por nuestra biología. Al romperse las reglas surgió la necesidad improvisar, sobre la marcha, en medio de un combate, por ejemplo, y ya tácticas genéticamente fijas no eran útiles como en los demás animales. Este hecho de tener que improvisar y ser creativos en contextos sociales (combates) pudo haber sido el motor primario de la evolución del libre albedrío a partir de una mente que reside en un cerebro que está limitado evolucionistamente en su crecimiento por la anatomía del canal pélvico femenino. Es decir, esta carrera armamentista (cada vez se hacían mejores armas de mano) durante nuestra evolución, permitió crear una mente que mostrara un comportamiento, aparentemente ilimitado en su espectro, y no constreñido genéticamente, a partir de un cerebro limitado por fuertes presiones selectivas en contra de su crecimiento filogenético. Pero esta carrera armamentista por sí sola no explica todo esto. Debe tenerse en cuenta su uso en contextos sociales, es decir el combate, donde entraran en juego cosas como alianzas entre individuos de un mismo grupo, jerarquías de dominancia, etc. Por eso Michael Rose en el capítulo [1] que se está terminando de reseñar en este post hace énfasis en el combate armado en un contexto social, para que se desarrollara no solo la inteligencia técnica para la fabricación de herramientas-armas, sino la inteligencia social también. Pero, además, para acabar de explicar todo el espectro de la inteligencia humana, estas habilidades deberían haber sido útiles en otros contextos. Por ejemplo, la habilidad para el uso de armas en combate también debió haber sido útil para defenderse o al menos saber cuándo no enfrentar un predador y obviamente para matar presas, es decir en la caza. La lista de estas funciones cerebrales adicionales podría ser: detección de enemigos; improvisación táctica; planeamiento secuencial; atención a los efectos colaterales de las decisiones tomadas; el modelamiento empático de las mentes de los conespecíficos, y como ya se dijo, derrota de predadores, presas, etc. Esto crea un efecto amplificador de las carreras armamentistas como lo explica Rose en otro artículo suyo [4]. Todo esto en conjunto sí puede explicar el libre albedrío, una mente capaz de resolver muchos tipos de problemas, y como veremos a continuación, también da cuenta la espiritualidad humana

Una inferencia natural de este mecanismo amplificador de carreras armamentistas para el desarrollo de una mente multipropósito, de cálculo Darwiniano flexible, sería que los humanos racionalmente calculamos nuestras acciones y hacemos elecciones que aumentan nuestro fitness biológico o aptitud reproductiva (en biología y por lo tanto en evolución todo tiene que ver con algo conocido como éxito, fitness o aptitud reproductiva). Muchos de las características humanas parece que, al menos superficialmente, estuvieran corroborando lo hasta ahora dicho en este párrafo. Particularmente en cuanto al comportamiento humano en las economías de mercado, donde la invocación del “egoísta interés propio” puede ser reemplazado por “interés en el fitness” en contextos ecológicos (la ecología es la contra parte biológica de la economía) como fuente del proceso de toma de decisiones humano. De la misma forma, la mayor inclinación a la promiscuidad de los machos humanos al ser comparados con las hembras se podría explicar rápidamente en términos de comportamiento Darwiniano racionalmente calculado.


La belleza Popperiana (Popper fue quizás el más famoso filósofo de la ciencia quien vivió entre 1902 y 1994) de la anterior hipótesis es que es que se podría comprobar científicamente. Pero siendo sensatos, hay que decir que la idea esbozada en el párrafo anterior está equivocada. Muchos comportamientos humanos no se ajustan a la interpretación Darwiniana: vasectomías, abuso de sustancias, homosexualidad, votos de castidad, etc. Pero la evidencia empírica más importante en contra de los supuestos cálculos Darwinianos racionales y conscientes hipotetizados en el párrafo anterior es que las personas no son sociobiólogos y/o psicólogos evolucionistas, y por lo tanto no están introspectivamente al tanto de sus cálculos Darwinianos.

En otras palabras, si se supone que fuéramos fundamentalmente racionales en la toma de nuestras decisiones, entonces debemos ser muy deficientes al hacerlo, dada la abundancia de evidencia de la propensión humana para hacer malas decisiones. Por lo tanto, un problema empírico significativo es la falta de evidencia en cuanto a que las personas adoptan comportamientos particulares impulsados por anticipadas consecuencias Darwinianas, dejando de lado a unos poquísimos sociobiólogos que pueden deliberadamente buscar oportunidades de reproducción de conformidad con sus conocimientos de los dictados y contingencias Darwinianas. Dejando esto último de lado, las personas entonces no experimentan un proceso subjetivo de cálculos Darwinianos en su mente. 

Esto de las decisiones mal hechas merece un comentario por mi parte. Aclaraba yo arriba, que en evolución todo tiene que ver con aptitud reproductiva. Se considera que un individuo es biológicamente exitoso cuando deja descendencia. Y desde un punto de vista estrictamente biológico, entre más descendencia deje mejor pues está dejando más copias de sus genes egoístas que, como no lo explicó Richard Dawkins en 1976 [5], nos utilizan como a nosotros como los seres vivos como tarros desechables por medio de los cuales perpetuarse de generación en generación. Teniendo en cuenta esto y saliéndonos de lo que es conveniente Darwinianamente, en un mundo sobrepoblado, y más en país como el mío (Colombia) dónde la mayoría de gente es pobre, lo más sensato es no tener hijos, pues son una deuda de por vida para los padres, y vienen a sufrir y a empeorar la situación ecológica del planeta. Entonces lo conducente Darwinianamente sería reproducirse. Entonces bajo ese punto de vista, la mayoría de personas en los países pobres se comportan, inconscientemente, es decir instintivamente, de forma correcta desde el punto de vista Darwiniano porque se reproducen mucho. Entonces hay que tener en cuenta en qué contexto una decisión es buena. Si una pareja es pobre, y se reproduce mucho, esto le conviene a sus genes egoístas. En otras palabras, sería una buena cosa desde el punto de vista Darwiniano. Pero desde el punto de vista ecologista y sobre todo económico, la excesiva reproducción es contraproducente. Saliéndome aún más del tema de este artículo, si vos, amigo lector, sos joven, tratá de estudiar lo que más podás, tomate tu tiempo para disfrutar la vida y postergá o evita la reproducción. Eso es parte de la fórmula para tener una vida económicamente saludable y, dentro de los límites de la prudencia y racionalidad, muy placentera en el largo plazo [6]. Lo digo por experiencia.

 
Volviendo al capítulo de Michael Rose [1] que se está reseñando aquí, y más exactamente a esa propensión a tomar malas decisiones desde el punto de vista Darwiniano, por parte seres supuestamente racionales como los humanos, hay una solución a la contradicción acabada de esbozar y es la multicameralidad. Esto es, la existencia de múltiples centros de deliberación ejecutiva y toma de decisiones dentro de la arquitectura del software cerebral. 

Esto, aunque no es lo mismo, es reminiscente de la modularidad de la mente defendida por la psicología cognitiva, la cual, junto con la teoría Darwiniana de evolución por selección natural, forman el compendio-paradigma que se llama psicología evolucionista, especialmente en su concepción de la escuela de Santa Bárbara (Universidad de California en Santa Bárbara) dada su énfasis en la ya nombrada modularidad [7], que dice de cada uno de los módulos mentales se encarga de resolver problemas diferentes.

En todo caso con la idea de la multicameralidad ejecutiva, que como ya se dijo no es igual a los módulos cognitivos (paradigma perteneciente a las humanidades) sino como veremos más adelante hace más alusión a compartimentos neuroanatómicos (biología), una especie puede tener la ventaja de dividir diferentes formas de cálculo en distintas cámaras. Una de ellas, es decir un centro, puede hacer cálculos estratégicos de largo término, mientras que otro maneja la implementación inmediata de las decisiones. O una cámara puede ser responsable de la iniciación de un comportamiento mientras que otra puede ser responsable de la inhibición del mismo. 


Lo que aparentemente se ve por el discurrir verbal de la experiencia subjetiva humana (por ejemplo, el que habla es el hemisferio cerebral dominante que en la mayoría de los casos es el izquierdo y algunas veces actúa en contravía del derecho) es que hay una sola mente humana en cada individuo. Esto se puede interpretar como indicativo de que el centro verbal está mostrando la presencia una cámara ejecutiva que es accesible por él mismo. Que nuestra experiencia subjetiva no revela cálculos Darwinianos explícitos a su vez sugiere que una o más cámaras, además de la que lleva a cabo las funciones ejecutivas que generan nuestra consciencia, se encarga(n) de la crucial función de coordinar nuestros comportamientos para que sean compatibles con fines Darwinianos. Esta idea es una nueva propuesta de Michael Rose consignada en el capítulo [1] que se está reseñando acá y es reminiscente de la idea de superyó Freudiano, por lo cual debe haber al menos dos cámaras ejecutivas (¿los dos hemisferios cerebrales?) si esta hipótesis es aceptada.


Pero que es le superyó. Es una de las tópicas de Sigmund Freud (1856-1939), junto con el ello y el yo, además del preconsciente y consciente [8]. El ello es con lo que nacemos, y como en los bebes, solo se rige por el principio del placer, sin importar el mundo exterior, ni las consecuencias. Solo quiere satisfacer sus necesidades y ya. El superyó, por el contrario, es algo que se adquiere con los años y contiene todos los valores éticos y morales que aprendemos de nuestros padres y otros superiores. El yo es la personalidad consciente [9]. Mi papá (QEPD) lo ponía de una forma muy bonita y pedagógica; todos llevamos dentro un niño (el ello), un adulto (el yo) y un padre (el superyó). Como veremos más adelante según la propuesta aquí esbozada de Michael Rose, el que de verdad estaría a cargo de nuestro comportamiento sería el superyó como una cámara ejecutiva superior. 

La idea de la multicameralidad podría ser contrastada con las ideas de Antonio Damasio en su excelente libro “El Error de Descartes” [10] que junto con las de otros neurobiólogos, están de acuerdo con la visión de la única posible organización para el funcionamiento del cerebro humano es la existencia de un consciente ejecutivo y muchos procesos subsidiarios e inconscientes. 


Entonces estas cámaras son neuroanatómicas, pero debe haber alguna forma de conectarlas con los módulos de la psicología cognitiva. Como dice Pinker en su libro “Como Funciona la Mente” [11, 12], los neurobiólogos están cavando por lado del túnel y los psicólogos (cognitivistas) por el otro y algún día ambos lados se juntaran y formarán una suerte neuropsicología cognitiva que servirá como otro de los puentes entre la biología y las humanidades (a éstas pertenece el cognitivismo) lo cual estaría en línea con la predicción hecha desde 1975 por de EO Wilson en su emblemático libro de sociobiología [13, 14] en el sentido de que las neurociencias son una de las disciplinas fronterizas para llevar acabo ya la adelantada labor que yo llamo “biologización de las humanidades” [15]

Si seguimos con esta visión de Damasio que es compatible con la multicameralidad de Michael Rose, entonces tenemos que enfrentarnos con la anomalía evolucionista de que nuestro comportamiento no está genéticamente enfocado ni conscientemente organizado alrededor de metas Darwinianas. Pero la aparente anomalía de la falta de procesos de cálculos Darwinianos consientes en humanos, puede ser elegantemente resuelta al adicional la hipótesis de que en nuestra especie el libre albedrío Darwiniano esta corporizado por una cameralidad ejecutiva dividida, donde el mismo (el libro albedrío Darwiniano) estaría distribuido en dos o más centros de cálculo ejecutivos, en un panorama dentro del cual algunas de estas cámaras no tendrían acceso a los cálculos de otras. 

Si el cerebro humano opera multicameralmente, con múltiples funciones de alto orden que han sido sostenidas por la evolución, ¿quién o que es “yo” que subjetivamente experimentamos? Las operaciones cerebrales que producen nuestros “yos” subjetivos constituyen solo uno de varios grupos de funciones cerebrales integrantes; nuestras múltiples cámaras ejecutivas. Más específicamente Rose [1] propone que el yo que experimentamos es específicamente el centro coordinador táctico inmediato de nuestro comportamiento. Para usar un símil, nuestras mentes conscientes con como un piloto en el puente de mando de una nave grande. Pero el piloto (el yo) no está la mando pues recibe órdenes del capitán (el superyó), el estratega. De hecho, uno no estaría en libertad de escoger le sentido de la vida, si “uno” se refiere meramente al centro táctico o piloto, el cual genera el consciente.


Experiencia Espiritual
Entonces, en nuestra especie, la hipótesis esbozada en esta reseña propone que el mando general es llevado a cabo por un elaborado e inconsciente centro ejecutivo que de hecho nos dirige a nuestros “destinos vitales” aún si deja la navegación especifica al piloto consciente. En otras palabras, nuestros yos consientes son los operadores inmediatos de nuestros cuerpos, pero no la fuente de coherencia, dirección, motivación y propósito de nuestras vidas. Nuestros objetivos, intereses y acciones son generados por el ya mencionado centro ejecutivo elaborado y superior, aunque no estemos directamente conscientes del mismo. Por lo tanto, raramente hacemos elecciones como individuos realmente libres. En vez de esto último, las decisiones sobre la dirección de nuestras vidas son hechas por centros estratégicos que operan para supervisar nuestros yos conscientes.

Todo esto no significa que haya otra “persona” dentro de nuestro cerebro. Pero si hay en el mismo otra clase de mente, muy diferente de la mente que experimentamos conscientemente de momento a momento. El grado de unidad de esta “mente superconsciente” posee puede variar. La terminología acaba de usar es paralela al “superyó” Freudiano. Sin embargo, en individuos psiquiátricamente normales que no se encuentran en “estados alterados” temporales, ya sea por psicosis o por abuso de sustancias, la función estratégica ejecutiva superior y subconsciente tendría algún grado de coherencia. En algunos respectos, debe tener más coherencia, persistencia y enfoque que nuestros yos conscientes. Esta otra mente es el guardián, el controlador superior de nuestro yo consiente, y nos mantiene en línea con los objetivos Darwinianos (supervivencia para maximizar el éxito reproductivo: fitness o aptitud biológica), a pesar de nuestra experiencia subjetiva de tener un albedrío totalmente ilimitado.

Dada esta hipótesis de una función cerebral supervisora Darwiniana, debe haber efectos secundarios detectables de su funcionamiento, incluso si está separada del consciente. Las experiencias espirituales proporcionan abundante evidencia de tales efectos secundarios. Los movimientos e ideas religiosas generalmente involucran la suposición y evocación de un reino secundarios o “espiritual” poblado de entidades normalmente no visibles que son invocadas de alguna forma en las vidas humanas. Tales suposiciones pueden involucrar dichas entidades literalmente invisibles que acechan a nuestro alrededor o pueden suponer un tipo de invisibilidad explicada por el hecho de su ausencia, porque existen en otros sitios (tales como el Monte Olimpo, Valhalla o el cielo o paraíso bíblico), o en otros tiempos (durante el origen del mudo o en tiempos antiguos, por ejemplo).


Aunque la diversidad de la experiencia espiritual es imposible caracterizarla de forma simple, la misma claramente nos lleva a pensar en aspectos de la experiencia humana que no están directa o inmediatamente accesibles a la conciencia, al yo, pero tienen que ver con las evaluaciones morales y significado ético de nuestro comportamiento (superyó). De hecho, una especie que no tuviera ningún tipo de experiencia espiritual sería una candidata dudosa en cuanto a poseer un libre albedrío Darwiniano multicameral.


Nótese por ejemplo que para que las cámaras táctica (piloto, yo consciente) y la estratégica (capitán, superyó subconsciente) tengan funciones diferentes, deben tener un grado de separación significativo en cuanto al tratamiento de información. Si el procesamiento de información táctica y estratégica estuviesen completamente integrados, entonces nuestra especie sería unicameral. Por lo tanto, debe haber algún tipo de separación entre estas dos funciones ejecutivas, llevando que a una falta de acceso completo al contenido funcional de una cámara por parte de la otra u otras. De modo que se espera que haya multicameralidad. 

Una llamativa característica de las experiencias espirituales a lo largo de todas las culturas es el hecho de que tienen muchos elementos en común. Típicamente hay un sentido de una “presencia”. Eso es, la sensación de otra persona o de alguna “fuerza” personalizada de alguna clase, en comunión con la persona que está teniendo la experiencia místico-religiosa-espiritual. Esto es obviamente el caso del tipo de oraciones que son integrales a la experiencia cristiana y musulmana. En este tipo de religiones se supone que uno debe establecer algún tipo de “contacto” con dios por medio del cual uno expresa sus deseos y esperanzas. Generalmente la oración es vista como un medio para obtener sabiduría. En tales casos, la persona que reza apela al “señor” por un tipo específico de entendimiento. De este modo, la persona puede rezar para entender una situación o persona difíciles en su vida, todo lo cual es una anticipación interesante a la psicoterapia. 


Entonces la experiencia religiosa o la espiritualidad se trataría de tener acceso a ese capitán comparable o incluso equiparable al superyó. Para esto, algunos individuos o grupos que buscan este tipo de experiencias han recurrido a drogas enteógenas (teo = dios y gen = origen; es decir son drogas que darían origen a la experiencia subjetiva de estar en contacto con “dios”) como el peyote entre muchas otras [16, 17]. Pero otra forma de acceder a este “reino espiritual”, a esta cámara normalmente no accesible que es el superyó y verdadero capitán de nuestras vidas, se da cuando un individuo tiene algún problema neurológico como crisis epilépticas de considerable magnitud y que generalmente se dan con una hiper-excitación neuronal en el hemisferio cerebral derecho, donde se encontrarían las estructuras religiosas primarias [18, 19], haciendo que las mismas escapen al control racional del hemisferio dominante, que como ya se dijo, generalmente es el izquierdo, logrando que, según la cultura, el paciente antes de una crisis  epiléptica vea a santos, ángeles y se sienta en contacto con “dios” [20]. Teniendo en cuenta todo lo anterior y que los centros gerenciales del cerebro se encuentran en los prefrontales (las partes del cerebro inmediatamente posteriores a la parte del cráneo que llamamos frente), me pregunto yo ¿no será que el superyó se podría localizar el frontal y/o prefrontal del hemisferio cerebral derecho, y en los sitios homólogos del hemisferio izquierdo el yo? Porque para mí es claro que hay una relación entre subconsciente y hemisferio derecho, y entre consciente y hemisferio izquierdo, que dicho sea de paso es el parlante, o sea el que se expresa verbalmente y esto tiene que tener una relación con la experiencia subjetiva consciente. Y la aparente dominancia del hemisferio izquierdo se daría porque en este último reside el piloto, el yo consciente que no sería más que una marioneta presumida de ser libre cuando en realidad está bajo el mando del superyó. O a lo mejor hay presencia del yo y superyó tanto en los prefrontales izquierdos y derechos pues no hay que olvidar emblemático caso del trabajador ferroviario Phineas Gage, quien en 1848 sufrió un accidente de trabajo que afecto principalmente sus frontales y prefrontales izquierdo [21], después del cual se convirtió en un individuo despreocupado e irresponsable, con una obvia ausencia del accionar del superyó.

 

Las últimas oraciones del párrafo anterior son atrevidas elucubraciones mías que requieren mucha más investigación de mi parte. Muchas gracias por leer este post.



Referencias Bibliográficas:

1. Rose MR. Darwinian Evolution of Free Will and Spiritual Experience. En: Carroll J, McAdams DP, Wilson EO, editores. Darwin's Bridge: Uniting the Humanities and Sciences. New York, USA. Oxford University Press; 2016. p.69-85.

2. Carroll J, McAdams DP, Wilson EO. Darwin's Bridge: Uniting the Humanities and Sciences. New York, USA. Oxford University Press; 2016.

3. Duque-Osorio JF. Carreras Armamentistas y Evolución del Libre Albedrío: Una Visión desde la Psicología Evolucionista. Puente Alto del Vergel, Ibagué, Tolima-Colombia. Blog "El Duque Polímata"; 2022. Disponible en: https://www.juanferduque.com/2022/10/carreras-armamentistas-y-la-evolucion-darwiniana-del-libre-albedrio.html. Consultado el 03-Nov-2022.

4. Rose MR. The mental arms race amplifier. Human Ecology. 1980; 8(3): 285-293.

5. Dawkins R. The Selfish Gene. Oxford University Press; 1976.

6. Duque-Osorio JF. Entendiendo Correctamente el Hedonismo Epicúreo: El Placer con Racionalidad, Sabiduría y sin Excesos. Puente Alto del Vergel, Ibagué, Tolima-Colombia. Blog "El Duque Bipolar"; 2021. Disponible en: https://www.juanferduque.com/2021/12/entiendo-correctamente-el-hedonismo-epicureo-el-placer-con-racionalidad-sabiduria-y-sin-excesos.html. Consultado el 04-Ene-2022.

7. Workman L, Reader W. Evolutionary Psychology: An Introduction. Cambridge University Press; 2014.

8. Manancero Pérez A. Un abordaje desde las tópicas freudianas: sueño e histeria. Uruguay: Universidad de la República; 2013. Disponible en: https://bit.ly/tesismanancerofreud. Consultado el 04-Nov-2022.

9. McLeod S. Freud's Id, Ego, and Superego. SimplyPsychology - Simply Scholar 2021. Disponible en: https://www.simplypsychology.org/psyche.html. Consultado el 04-Nov-2022.

10. Damasio AR. El error de Descartes. Editorial Andrés Bello; 1996.

11. Pinker S. How the Mind Works. W. W. Norton; 2009.

12. Pinker S. Cómo funciona la mente. Ediciones Destino, S.A.; 2008.

13. Wilson EO. Sociobiology: The New Synthesis. 1 ed. Cambridge (MA)-USA. Harvard University Press; 1975.

14. Wilson EO. Sociobiology: The New Synthesis. Belknap Press of Harvard University Press; 2000.

15. Duque-Osorio JF. Introducción a la Sociobiología de EO Wilson: ¿La Biologización de las Humanidades? Puente Alto del Vergel, Ibagué, Tolima-Colombia. Blog "El Duque Bipolar"; 2022. Disponible en: https://www.juanferduque.com/2022/01/introduccion-a-la-sociobiologia-de-eo-wilson-la-biologizacion-de-las-humanidades.html. Consultado el 28-Jun-2022.

16. Rubia-Vila FJ. Neurobiología de la Numinosidad. Anales de la Real Academia Nacional de Medicina-España. 1996; 113(2): 513-531.

17. Duque-Osorio JF. Evolución y Neurobiología de las Experiencias Místico-Religiosas. Innovación y Ciencia (Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia). 2011; 18(1): 53-63. Disponible en: https://bit.ly/evolmisticismo. Consultado el 05-No-2022.

18. Alper M. God Part of the Brain. Naperville, Illinois, EUA. Sourcebooks Inc; 2008.

19. Alper M, Ochoa S. Dios está en el cerebro. Bogotá-Colombia. Editorial Norma; 2008.

20. Joseph R. Neuropsychiatry, Neuropsychology, and Clinical Neuroscience: Emotion, Evolution, Cognition, Language, Memory, Brain Damage, and Abnormal Behavior. Lippincott Williams & Wilkins; 1996.

21. Carter R. The Human Brain Book: An Illustrated Guide to its Structure, Function, and Disorders. DK Publishing; 2019.

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