Mi Ateo Mito Religioso-Científico: Panteísmo Cuántico

Resumen: Se mezcla neuroteología y física cuántica. Dado que no creo en entidades sobrenaturales, soy panteísta (ateo acicalado) y como tal es la propuesta que se hace. Se hace un breve repaso de lo que es mecánica cuántica, especialmente de la teoría M que predice la existencia de 11 dimensiones y con todo este bagaje se propone este pequeño sistema de creencias no-sobrenatural. Al final se reconoce que puede tratarse de una más que se basa en la proclividad religiosa y simbólica del cerebro humano.


Procedencia de las anteriores imágenes: De izquierda a derecha, de arriba hacia abajo: 1. Misticismo cuántico: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.com con licencia libre. 2. Wormhole o Agujero de Gusano. Puente Einstein-Rosen: Imagen de Genty en Pixabay.com con licencia libre. 3. Las tres grandes religiones Abrahámicas. Imagen de Imagen de Septimiu Balica tomada de Pixabay.com con licencia libre. 4. Computador Cuántico:  Imagen de Achim Weidner tomada de Pixabay.com con licencia libre. 5. Luz cuántica divina. Imagen de Stefan Keller en Pixabay.com con licencia libre. 6. Transdimenciones cuánticas. Imagen de Stefan Keller en Pixabay.com con licencia libre.

Empecemos clarificando algo. Dicho a la carrera soy ateo. Pero ese término tiene sus intríngulis. Si lo vemos desde el punto de vista de la neuroteología [1-3] es imposible ser 100% pues el cerebro contiene estructuras que se corresponden con el comportamiento religioso y que evolucionaron por selección natural [4, 5]. Entonces el término exacto que describe a una persona como yo es Agnóstico Fuerte [6, 7].  Otro concepto clave es el panteísmo (pan = todo y teo = dios). Un panteísta cree que la naturaleza lo es todo y no hay nada encima de ella. Que no hay nada sobrenatural. Y hay panteístas que llaman a la naturaleza dios. Según Richard Dawkins, en su ya citado libro “El Espejismo de Dios” [6, 7] un panteísta es un ateo acicalado. El tal es que he mezclado todo esto con conceptos de mecánica cuántica y me he inventado una colcha de retazos, que permite ejercitar esas estructuras religiosas del cerebro, sin dejar de ser ateo. La he llamado “Panteísmo Cuántico”. Vamos a ver qué me sale.

Empecemos por hablar brevemente de mecánica cuántica. La mecánica cuántica estudia cómo se comportan las partículas subatómicas (los componentes de los átomos: electrones, quarks, gluones, etc.) donde la energía se intercambia de forma discreta en forma de “cuantos”. A este nivel pasan cosas locas como [8, 9]: la superposición que dice que un objeto cuántico está en todas las posiciones y configuraciones posibles a la vez, hasta que no sea medido. Una vez es medido el objeto decae en un estado u otro. El otro fenómeno interesante es el entrelazamiento, por medio del cual, dos partículas gemelas, no importa lo distanciadas que estén, compartirán comportamientos y lo que le pase a una cambiará a la otra. Son como acciones fantasmagóricas a distancia. Lo otro que llama la atención es el efecto túnel por medio del cual un objeto cuántico puede traspasar un obstáculo sin tener la energía necesaria para hacerlo. Incluso un objeto cuántico puede estar en dos lugares al tiempo [10]. Más aún, es posible que las partículas subatómicas puedan viajar en el tiempo [11]. Es un mundo de posibilidades increíbles que la ciencia apenas está empezando a entender. 

Una vez introducido el tema, que es una mezcla de neuroteología y mecánica cuántica, quiero expresar que por estos días tengo mucho que agradecer, especialmente el haber podido configurar una nueva farmacoterapia que por fin ha logrado estabilizar los síntomas de mi condición bipolar. Creo que esta vez sí le pegue al esquema farmacológico que era, y ojalá después no tenga que escribir retractándome reconociendo que me volví a desestabilizar. En todo caso ya llevo más de un mes con una estabilidad en mi sueño y ánimo sin precedentes desde que mi papá murió en 2007. Me estabilicé cuando decidí tomar en serio mi personal y atea filosofía religiosa. Otras personas dirían ante un evento jubiloso como el que estoy disfrutando en este momento, que es gracias a él individuo abrazo a alguna deidad en “su corazón”. Yo no voy a decir tal cosa. Simplemente en un momento de crisis en el transcurrir de mi condición bipolar me imaginé hablando con mi papá, quien murió en 2007, y le prometí hacerle este homenaje si me ayudaba a salir adelante; fue un momento muy duro y por lo tanto fue una promesa muy seria y no sé si mi papá está en algunas de las dimensiones adicionales que predice la mecánica cuántica [12] o simplemente resulté usando yo “estructuras espirituales” [1-3] de mi cerebro para salir adelante. O ambas cosas pues dado que es posible que el cerebro sea un computador cuántico, y haya yo activado, en un momento de intensa crisis, facetas cuánticas de mi cerebro.

Y es que la evidencia el cerebro [13] y los seres vivos en general [14] tiene propiedades cuánticas se está acumulando sobre todo en los últimos años. Ha habido mucha controversia, pero el físico teórico experto en mecánica cuántica, Matthew Fisher de la Universidad de California en Santa Bárbara, está liderando “The new Quantum Brain Project (QuBrain)” (El Nuevo Proyecto Cuántico del Cerebro) iniciativa internacional que está estudiando bajo experimentos científicos rigurosos la naturaleza cuántica del cerebro, con un presupuesto de U$1.2 millones proveído por la Fundación Heising-Simons. Los resultados de este proyecto tendrán implicaciones que van desde de los computadores cuánticos artificiales hasta el tratamiento de desórdenes mentales [15]

Los computadores convencionales almacenan la información en bits (ceros o unos) y los computadores cuánticos lo hacen qubits donde la información puede estar en estado cero, uno o los dos a la vez. Esto, junto con las cosas increíbles que se pueden dar a nivel cuántico, le daría muchísimo más poder de procesamiento de información a los computadores cuánticos que los convencionales [16]. Recuerdo cuando estaba en los últimos semestres de mi pregrado en biología en la Universidad del Valle en Cali-Colombia. Con otro estudiante  de pregrado, pero en física, nos pusimos a hablar de ciencia ficción y estas cosas, y dado que las partículas subatómicas podrían viajar en el tiempo [11], él me hablaba de la posibilidad de que a un computador cuántico se le puede poner a hacer un cálculo complejísimo que tardaría dos horas en completar. Dicho computador se devolvería en el tiempo dos horas y entregaría el resultado en el presente de forma inmediata, aun habiéndose demorado dos horas para hacer dicho cálculo [17], como lo expliqué en otro post

Según Fisher, los núcleos de átomos de fósforo, elemento abundante en nuestros cuerpos, podrían funcionar como qubits en nuestros cerebros [18]. Otros científicos como Roger Penrose de la Universidad de Oxford y Stuart Hameroff de la Universidad de Arizona proponen que el cerebro puede ser un computador cuántico y esto ayudaría a explicar fenómenos complejos como la consciencia [19]. Además de esto último, las capacidades cuánticas del cerebro podrían ayudarnos a entender otras de sus funciones complejas como el almacenamiento de recuerdos a largo plazo y las emociones [20], entre otras características que no han podido ser completamente explicadas por las neurociencias convencionales. De hecho ya se habla de las neurociencias cuánticas [14, 18].

Pero volvamos a lo que estoy proponiendo aquí. Vamos a ver si me puedo ir explicando. Nosotros vivimos en un espacio cuatridimensional, formado por tres dimensiones espaciales (alto, ancho y largo) y la cuarta dimensión es el tiempo. Pero es científicamente plausible imaginarse dimensiones adicionales. De hecho, en mecánica cuántica se hace en medio de los esfuerzos que para unificar lo macro (gravitacional) con lo ínfimo (lo cuántico) en una teoría de campo unificada para la física. Uno de las más firmes candidatas para unificar lo macro (gravitatorio) con lo ínfimo (cuántico) es la teoría M la cual predice la existencia de 11 dimensiones [21, 22]

Entonces empecemos a especular. ¿Qué tal que al ser el cerebro un computador cuántico tenga a acceso a estas dimensiones adicionales a las cuatro que conocemos cotidianamente? Teniendo en cuenta este posible vínculo, ¿qué tal si cuando la persona muere su energía residual va a dar una de estas “supradimensiones” cuánticas? ¿Entonces en estas supradimensiones habitan las energías residuales de las actividades cuánticas de los seres vivos que mueren? Entonces tenemos supradimensiones cuánticas y cerebros cuánticos. Es un cuento duro de tragar, pero podría ser posible.

Aunque en las experiencias religiosas humanas participan varias regiones del cerebro, Matthew Alper en su libro “Dios está en el cerebro” [2] dice que existe un dispositivo neural espiritual que estaría ubicado en el lóbulo temporal derecho. Es más, Joseph Rhawn en su libro de “Neuropsiquiatría, Neuropsicología y Neurociencia Clínica” [3] nos recuerda que cuando una persona tiene un ataque epiléptico en el hemisferio cerebral derecho, los cuales típicamente involucran o incluso se gestan en el lóbulo temporal, la persona puede, según su cultura, ver ángeles, santos a su dios mismo y sentir que es uno solo con él. Esto pasa porque durante el ataque epiléptico en el lóbulo temporal derecho, el hemisferio cerebral del mismo lado queda liberado del control del hemisferio dominante que generalmente es el izquierdo. Este último hemisferio, además de estar encargado del lenguaje tiende a ser racional y a ver todo en opuestos: arriba - abajo, bueno - malo, etc. En cambio, el hemisferio derecho, tiende a ser emocional y a ver todo holísticamente, de forma conjunta y no separada en opuestos. Entonces durante un ataque epiléptico del hemisferio derecho este puede liberarse, expresar su religiosidad y ver todo unificadamente. De ahí que durante estas experiencias el individuo sienta que jubilosamente es uno solo con la divinidad. Entonces, repito, queda asentado que, aunque la experiencia religiosa puede involucrar a varias regiones del cerebro, el dispositivo neuro-espiritual principal se encuentra el lóbulo temporal derecho [1, 2, 23, 24]. Dado que el cerebro muy posiblemente es, además de ser un neuro-computador, un computador cuántico, el dispositivo espiritual [1, 2] tendría tremendo poder.

Voy a contar una experiencia sobre la que no puedo dar seguridad, pero de la cual fui el protagonista. Me la contaron mis padres y sucedió al menos dos veces en los 1990s cuando yo era un adolescente. Por mi condición bipolar típicamente dormía hasta tarde. Un día mi papá recibió una llamada telefónica mía al directo de su oficina. Charló conmigo un ratico y me pidió que le pasara a mi mamá, momento en el cual la llamada se cortó. Mi papá inmediatamente devolvió la llamada y le dijo a mi mamá: 

- Por qué no pasaste.

Y mi mamá respondió:

 

-  No entiendo.

-  Sí, estaba hablando con nuestro hijo, le pedí que pasaras y colgaste.

-  Pero si Juanfer está dormido.

-  Cómo así. Si me acaba de llamar.


La siguiente vez, en los mismos días, fue más patente. Me contestó mi papá por su directo de la oficina y por otra extensión llamó mi mamá. Le preguntó: 

- ¡Juanfer que está haciendo!

Y mi mamá contestó:

- Durmiendo.

- Pero si lo tengo en el directo.

- Y yo lo estoy viendo dormir.

- No puede ser.

- Lo voy a despertar a ver qué pasa.

- Se cortó la llamada con Juanfer – sentenció mi papá.

Inmediatamente mi mamá me preguntó recién despierto:
 
- ¿Estabas soñando?
 
Y yo recuerdo que le contesté:
 
- Sí, con mi papá. Hablábamos, pero no sé de qué.

¿Qué tan cierta es esta historia? No sé porque yo estaba dormido. Pero si fuera cierta no hay necesidad de buscar explicaciones sobrenaturales a experiencias como esta. A un computador cuántico le quedaría muy fácil “hackear” una red de cobre como son las líneas fijas de cobre y comunicarse por las mismas. 

Entonces qué tal que, por su posible naturaleza cuántica, el cerebro, especialmente su dispositivo espiritual [1, 2], pueda comunicarse con seres queridos que hayan muerto y que están en una supradimensión cuántica. Obviamente sería una comunicación difícil, subconsciente. Esto solucionaría el problema epistemológico que suponen algunas religiones en las cuales la persona se está comunicando con una divinidad de la cual probablemente nunca recibirá respuesta. ¿Por qué digo esto? Porque yo no soy capaz de comerme el cuento de hay un señor que controla todo el universo (o multiverso) y con el cual las personas se pueden comunicar. ¿Cómo va a controlar todo el multiverso (conjunto de infinidad de universos que predice la mecánica cuántica), si se supone que nada puede viajar más rápido que la velocidad de la Luz? ¿Cómo va a llegar una orden de un extremo de un universo a otro? La orden podría demorarse por lo menos 13,800 millones de años [25]. Ante este panorama ¿Cómo podría una divinidad controlar cada aspecto de la vida de cada ser humano o incluso cada ser vivo, sin contar los millones de planetas donde también puede haber vida en nuestro universo y sin contar que, repito, que puede haber miles de universos paralelos al nuestro?

Pero miremos inconvenientes más simples de la concepción de una divinidad sobrenatural como lo hacen por ejemplo las tres grandes religiones Abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo). Me refiero al problema del mal de Epicuro (342 a 270 AdC):

Paradoja del Mal de Epicuro: Busto de Epicuro tomada de Wikipedia donada para uso público por el Museo Metropolitano de Arte de NY (https://www.metmuseum.org/art/collection/search/248475) con Licencia CC via Wikimedia Commons. Composición hecha por el autor de este Website (Blog “El Duque Bipolar” – Juan-Fernando Duque-Osorio. MSc.)

Son preguntas muy fáciles y lógicas que rápidamente desmienten la existencia de una deidad sobrenatural, omnipresente, omnipotente y todo bondadosa. Pero yo tengo al menos otra pregunta. Digamos que un hincha del Barcelona reza para que su equipo gane un juego versus el Real Madrid con respecto al cual otro espectador está rezando para que gane. ¿Porque dios va a favorecer a un individuo que reza sobre otro qué lo hace ante el mismo dios? ¿Será que el que rece más fuerte es favorecido? Si es así ¿Por qué un dios todo poderoso necesita que lo adoren unos primates que viven en un planetica en uno de los brazos de una galaxia espiral como la vía láctea y que es una más en un conjunto de millones de galaxias en un universo que es uno solo entre los miles o millones que existen? En cambio, deidades como las que estoy proponiendo aquí favorecerían a sus propios seres queridos que aún vivimos en este plano cuatridimensional de existencia. 


Todo esto me recuerda la serie “Sliders (1995-2000) (Wikipedia | IMDb) en la cual los protagonistas se deslizan de un universo paralelo a otro. Logran volver una realidad el teórico Puente Einstein-Rosen [26]:

Puente Eienstein-Rosen, Wormhole o Agujero de Gusano: Imagen de Ivilin Stoyanov tomada de Pixabay.com con licencia libre.

Estos puentes, que también conocidos como agujeres de gusano o wormholes [27], parece que al menos en teoría funcionan para comunicar regiones muy distantes del espacio. Así como en Sliders se hipotetiza que estos puentes pueden comunicar universos paralelos ¿Qué tal que puedan comunicar dimensiones cuánticas entre sí? ¿Qué tal que funcionen para comunicar cerebros, que son cuánticos, con energías residuales de seres muertos en una supradimensión, que se proponen aquí como deidades no-sobrenaturales? De pronto por eso es que cuando las personas están muriendo ven ante sí un túnel con una luz al otro extremo. Podría tratarse de un puente Einstein-Rosen. Repito, la comunicación sería difícil y de pronto subconsciente, pero serían deidades que favorecerían a sus seres queridos que quedan en este espacio cuatridimensional y no habría competencia entre “rezadores” como en el caso del hincha del Barcelona vs el del Real Madrid. No serían deidades sobrenaturales, repito, no serían todo poderosas, ni nada de esto. Entonces satisfacerían las preguntas de la paradoja del mal ya esbozadas. Pasarían la prueba de Epicuro. Pero ciertamente tendrían más poder que nosotros y me atrevo a pensar que al menos, con mucho esfuerzo, nos podrían brindar información “calificada” sobre el futuro o cosas así, lo cual nos permitiría tomar decisiones. O de pronto nos podrían ayudar incluso más. Aun estando en una supradimensión, se “alegrarían” al ser recordados por sus seres vivos que aún están en este plano existencial cuatridimensional. Entonces se alegrarían cuando se les ore porque serían deidades humildes, limitadas, con emociones, más parecidas a las de la mitología greco-romana y otras cosmogonías que ha habido a lo largo de la historia humana. Yo le oro a mis ancestros, con mi papá a la cabeza, y tomándolos como deidades no-sobrenaturales.


Hice hincapié en que para que toda esta propuesta funcione se tiene que tratar de deidades no-sobrenaturales. Eso es porque la principal diferencia entre un creyente y un ateo (agnóstico fuerte como yo) es que los últimos no creemos en entidades sobrenaturales. Por eso los panteístas al no creer en entidades sobrenaturales, repito, somos ateos acicalados como lo aclara Richard Dawkins en su libro “El espejismo de Dios” [6, 7]. Y hay panteístas que llaman a la naturaleza dios sin hacer referencia a una deidad sobrenatural. Hay físicos como Sheldon Cooper de la comedia de “The Big Bang Theory (2007-2019)” (Wikipedia | IMDb) que dicen cosas como:

- Al estudiar física, estamos develando la cara de Dios.
 
Al querer decir están descubriendo las leyes con las cuales funciona la naturaleza, especialmente el cosmos. Sheldon Cooper es un personaje de ficción, pero Albert Einstein, por ejemplo, decía:
 
- Dios no juega a los dados [28].

Y muchos físicos, repito, emplean la palabra dios para referirse a la naturaleza. Pues Richard Dawkins en su citado libro “El Espejismo de Dios” [6, 7] les pide el favor a estos científicos que no llamen a la naturaleza dios, porque eso confunde al público. 

Pero me estoy desviando de la filosofía religiosa atea (Panteísmo Cuántico) que estoy proponiendo aquí. Al principio dije que es un homenaje a mi papá, Álvaro Duque Donoso MVz (QEPD). Pero enfrentémoslo, toda esta propuesta puede ser simplemente el producto de una mente bipolar de un individuo como yo que ya está llegando a la fase religiosa de su vida, de acuerdo a lo que nos explica el padre de la filosofía existencialista, Soren Kierkegaard [29-31]. Lo más seguro es que no haya nada después de la muerte. Simplemente, ya poniendo los pies en la tierra, esté la nada. Pero ya tengo 46 años y cuando uno va llegando a los 50s ya las estructuras religiosas del cerebro empiezan a pedir campo y todo este post y lo que he pensado para hacerlo puede ser el resultado de la edad en que estoy. Pero necesitaba desarrollar una idea que fuera compatible con el ateísmo que me ha caracterizado desde que vi Evolución Darwiniana en mi pregrado en Biología en los 1990s. 

Lo que yo veo de fondo es que, como dice el salsero Rubén Blades, en algo hay que creer, así sea en deidades no-sobrenaturales como es el caso mío dentro del cual adoro a mis ancestros muertos pues gracias al arduo trabajo de ellos por varias generaciones es que yo tengo la buena vida de la que disfruto en la cual me puedo dedicar el 90% a leer y escribir lo cual es mi vocación. Pero más allá de eso, el tener una fe, si es que en el caso de un ateo (agnóstico fuerte) como yo cabe esa palabra, ayuda a reclutar y a coordinar ciertas estructuras del cerebro para lograr resultados espectaculares que en mi caso ha sido la remisión de los síntomas propios de mi condición bipolar.

¿Pero cómo puedo a la vez practicar mi atea fe no-sobrenatural y a la vez reconocer que la misma puede ser una fabricación de una mente loca como la mía? ¿Más aún cómo puede haber personas que creen todas las cosas tan inverosímiles en que se basan las religiones? Como lo he explicado en otros posts, Desmond Morris en su libro “La Naturaleza de la felicidad” [32, 33], el cual ya fue reseñado en este blog [34], nos habla de la capacidad simbólica de nosotros los humanos. Yo creo que la existencia de creencias religiosoides locas es posible gracias a esta capacidad. Por ejemplo la serie de grafemas a,r,b,o,l no tienen nada que ver con un objeto grande de madera que da sombra. Pero nosotros nos creemos esa relación entre la palabra y el objeto, que en el fondo es una mentira. Entonces los humanos somos capaces de comernos cuentos reforzados en los que se basan las religiones y más aún si contamos con las aquí nombradas estructuras religiosas con las cuentan nuestros cerebros. Y parece que entre más locos sean aquellos cuentos en los que se basa una religión más adeptos que esta tendrá.

Muchas gracias por leer este post tan loco.
Referencias:
1. Alper M. God Part of the Brain. Naperville, Illinois, EUA. Sourcebooks Inc; 2008.
2. Alper M. Dios Está en el Cerebro. Bogotá-Colombia. Grupo Editorial Norma; 2008.
3. Joseph R. Neuropsychiatry, Neuropsychology, and Clinical Neuroscience: Emotion, Evolution, Cognition, Language, Memory, Brain Damage, and Abnormal Behavior. Lippincott Williams & Wilkins; 1996.
4. Wilson EO. On Human Nature: With a New Preface. Harvard University Press; 2004.
5. Duque-Osorio JF. Evolución y Neurobiología de las Experiencias Mísitico-Religiosas. Innovación y Ciencia (Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia). 2011; 18(1): 53-63. Disponible en: https://bit.ly/EDBJFDEvolucionExperienciasMisticas. Consultado el 13-Ago-2019.
6. Dawkins R. The God Delusion. New York, EUA. Houghton Mifflin Harcourt; 2008.
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11. Dickinson K. Researchers successfully sent a simulated elementary particle back in time. Big Think; 2019. Disponible en: https://bigthink.com/surprising-science/particle-time-travel. Consultado el 14-Oct-2020.
12. Kaku M. Parallel Worlds: A Journey Through Creation, Higher Dimensions, and the Future of the Cosmos. Knopf Doubleday Publishing Group; 2006.
13. Laszlo E. Why Your Brain Is A Quantum Computer. Huffpost; 2011. Disponible en: https://bit.ly/3nTxkJg. Consultado el 15-Oct-2020.
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